• 10 Dias de Oración

    No dejes de ser parte de esta iniciativa mundial que busca unir a su Pueblo en Oracion y Ruego al Señor, del 7 al 17 de Enero.

  • En Busca de la Mayor Necesidad

    “Señor aviva tu obra en medio de los tiempos” (Habacuc 3:2)

  • Esperando la Lluvia Tardia

    "Y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y lluvia tardía como al Principio" (Joel 2:23)

  • Comunicados en la Oración

    "Perseverad en la oración" (Colosenses 4:2)

  • Enfocados en su Palabra

    "Mientras llego, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza" (1ª Timoteo 4:13)

  • Entregados a la Predicación

    "Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo." (Hechos 5:42)

  • Unidos por la Fe

    "Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13)

  • Consagrados al Espiritu

    "Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hechos 1:8)

  • Reavivando la Esperanza

    "No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca." (Hebreos 10:25)

  • Reformando Habitos

    "Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas Salud, así como prospera tu alma." (3ª Juan 1:2)

  • Reavivando la Reforma

    "La mayor y más urgente de todas nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio. Procurarlo debiera ser nuestra primera obra." (Elena White)

  • Aguardando su Venida

    "Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" (3ª Juan 1:2)

miércoles, 26 de octubre de 2016

Sistemas Jerárquicos

En los sistemas jerárquicos es muy fácil hacer carrera. Solamente debes invitar a tu “jefe” y mostrarle que estás haciendo lo que espera de ti en el lugar que se te ha asignado una responsabilidad. Si lo que hiciste fue grande y favorece la agenda que él ha establecido, se sentirá emocionado y luego te recompensará. Para tu jefe no será tan importante por qué haces lo que haces, sino que lo importante será que lo hagas y punto. Lo que haces será mucho más importante que lo que piensas porque el principio que más se valora en estos sistemas es la conveniencia ya que el pensamiento individual es sometido compulsivamente al pensamiento jerárquico.

Con el paso del tiempo, estos sistemas se van transformando en empresas muy superficiales, donde todos saben que nadie puede confiar demasiado en la otra persona, ya que a pesar que hay uniformidad en las formas, las motivaciones y los propósitos llegan a ser muy diferentes. Al ser imposible definir a la unidad por propósito común, entonces se la define por conformidad a reglamentos compulsivos que no dan espacio para la diversidad ni la creatividad personal. Es así que la principal fuerza llega a ser la inercia y cada propuesta de cambio que debiera ser considerada como una oportunidad se la ve como una real amenaza.

En estos sistemas las cúpulas desearán perpetuar las cosas como son, a costa del hartazgo y el cansancio de aquellos que se encuentran manteniendo el sistema desde las trincheras. Los esfuerzos que se piden a las bases serán totalmente desproporcionados a los esfuerzos que realizarán aquellos que los piden. El sacrificio abnegado es reemplazado por actividad protocolar y los que en un tiempo contribuyeron al sistema desde las bases creen que, al ser promocionados, tienen el derecho a vivir de él.



En los sistemas jerárquicos la mayor lealtad es aquella que las personas se rinden a sí mismas aunque esta actitud se disimula con lealtad a la institución. Los discursos que se presentan son simplemente una exposición de lo que se espera que alguien diga pero no necesariamente son una expresión de la convicción personal. Inconscientemente se ha consensuado que pensar individualmente es malo y se reemplaza la conciencia individual por la conciencia institucional.

Dios nos libre de ser promotores de jerarquías porque si ese fuera el caso, habremos perdido contacto con los principios del Reino de los Cielos y estaremos intentando traer al siglo XXI la cosmovisión de la edad media.

Pr. Joel Barrios

viernes, 7 de octubre de 2016

Estudiar la Biblia es Peligroso

No hay nada más peligroso que estudiar la Biblia con sinceridad y oración. Cuando eso sucede, comienzas a darte cuenta que ella desafía tus pensamientos, tu manera de ver la vida y la religión. Al mismo tiempo, si estás dispuesto a andar en sus principios, te llevará inevitablemente a un camino donde por muchos tramos andarás absolutamente solo.

Eso se debe a que los principios de la Biblia, que debieran ser la verdadera doctrina, desafían el pensamiento de las masas, tiran abajo las demandas de la tradición, hacen importante aquello que la gente no le da importancia, y consideran de importancia secundaria aquello a lo que la gente le da el primer lugar.

Esos principios no son definiciones abstractas, ni tecnicismos gramaticales, sino que son leyes de vida que fueron encarnados en la persona de Jesús y que a través de él se transformaron en un mensaje. Esa es la verdad, esa es la doctrina, esa es la experiencia. El verdadero cristianismo no está tan ligado a articulaciones teológicas sino que tiene que ver con seguir un ejemplo, el ejemplo de Jesucristo.

Si esa llega a ser tu experiencia, transitarás con Pablo el camino por el cual lo persiguieron los judaizantes. Tendrás la lealtad por la cual Juan fue desterrado a Patmos. Tendrás tanta seguridad interna del poder de la verdad que no necesitarás perseguir a nadie por el hecho de que no acepte lo que le dices.

Dios entonces te dará manifestaciones de su aprobación a través de la desaprobación de los sistemas humanos. Hus, Wicleff, Lutero, Miller, y todos aquellos lo experimentaron sin excepción. Hoy las instituciones eclesiásticas les rinden homenaje a estos personajes por lo que hicieron en el pasado, pero al mismo tiempo persiguen y no toleran a los que son impelidos por el mismo Espíritu en el presente. Esa es la razón por la cual los movimientos levantados por Dios nunca serán mayoritarios ni surgirán por las tendencias de la moda. Ellos serán exclusivamente formados por personas que han decidido ser leales a Jesucristo sin importar las consecuencias. ¿Estás dispuesto?



Dios nos de la disposición de asimilar la verdad que nos será dulce en la boca pero que en algún momento nos amargará el vientre (Ap. 10:10). 

Pr. Joel Barrios

viernes, 8 de julio de 2016

Cristianos "Prudentes" o Cristianos "Espirituales"

Me llamó la atención este párrafo del Deseado de Todas las Gentes, que dice: “No pocos entre los sacerdotes y gobernantes habían sido convencidos de las enseñanzas de Cristo, y solamente el temor de la excomunión los prevenía de confesarlo(El Deseado de Todas las Gentes, pág. 647).

Temor: el gran enemigo del reavivamiento y la reforma. Temor a quedar mal, temor a perder el puesto, temor a los hombres, temor a perder la seguridad mundanal, temor a no ser considerado “parte de”. El temor llevó a estos hombres a no declarar la verdad, tampoco la negaron, pero no dijeron nada y al no hacerlo dejaron que Cristo sea condenado.

Generalmente todos nosotros tenemos las cosas muy claras en los pasillos de una iglesia. Allí podemos criticar a todo el mundo, señalar los errores que todos cometen, las impericias administrativas, aquello que se ha hecho mal y que nosotros lo haríamos de otra manera, etc., etc., etc. Sin embargo, cuando llega el momento de hablar, en aquella junta donde están las personas que podrían hacer una diferencia para que el reavivamiento y la reforma sean una realidad, nos quedamos callados. Pareciera que hemos confeccionado nuestro propio diccionario en el que se define a la “prudencia” de la siguiente manera: “dícese de la actitud que un ser humano tiene motivada por el amor a la comodidad y el temor a perder la seguridad material o social”. Ese fue el problema de aquellos gobernantes y sacerdotes que estaban presentes en el enjuiciamiento de Jesús. Estaban convencidos de las enseñanzas de Cristo, pero que no se animaban a confesarlo por temor a la excomunión.

Nos encanta pertenecer a sistemas porque eso nos incluye junto a los privilegiados y nos diferencia de las mayorías. Nos gusta hablar en plural como lo hacía Nicodemo la primera vez que se encontró con Cristo: “Maestro, ‘sabemos’ que tú eres un maestro venido de Dios” (Jn 3:2). “Sabemos”, en otras palabras: “quiero aclararte que yo soy parte del Sanedrín y lo que digo tiene mucho peso”. Jesús no se dejaba impresionar por esa cobardía que se disfraza de valentía cuando habla corporativamente. El sabía que Nicodemo no era muy diferente a un pandillero que cuando está solo, no mata una mosca, pero que cuando está con la pandilla y tiene un arma quiere atropellar a todo el mundo.

A Jesús no le interesaba lo que pensaba el Sanedrín sino que le interesaba saber qué pensaba Nicodemo. A Jesús no le interesa saber qué piensa tu iglesia, tu institución, o tu familia, a Jesús le interesa que seas claro en expresar lo que piensas tú. Nicodemo tuvo que ser amonestado amorosamente por Jesús, aunque fue muy incómodo para él. Jesús no tenía miedo de quedar mal con Nicodemo. Jesús sabía a Quien servía. Es por eso que le dijo a Nicodemo lo que tenía que decirle.

Nicodemo entendió después de ese doloroso encuentro que no era tan importante moldear su moralidad por un pensamiento corporativo, sino que era más importante moldear la moral de la corporación por la valentía de presentar una convicción individual basada en la impresión del Espíritu. El buscó a Jesús de noche, en un huerto, en los pasillos de la iglesia. Llegó a Jesús como Nicodemo “el prudente”. Después de esa cita entendió que no es que debemos opinar en un escondite, sino que debemos hablar donde Dios nos llamó a ministrar.



Esa es la razón por la cual años después lo encontramos hablando en su “junta”, en el sanedrín, influenciando para que Jesús no sea condenado antes de tiempo. Nicodemo dejó de ser “prudente” para llegar a ser una persona “espiritual”. Nicodemo estaba preparado para unirse a aquellos que predicarán en un tiempo donde los sistemas tratarán de forzar el pensamiento individual: “Temed a Dios y dadle gloria” (Ap 14:7)

¿A quién temes?

Pr. Joel Barrios

viernes, 1 de julio de 2016

¿Dios Vive o ha Muerto?

Las personas del mundo tienen derecho a exigir que en la iglesia cristiana se revele un espíritu diferente. Ellos muchas veces escuchan nuestro discurso y parece atractivo. Sin embargo cuando se despierta su curiosidad y comienzan a relacionarse de una manera más íntima con el grupo de gente que hace tal pretensión encuentran las mismas realidades y actitudes miserables que experimentaban en el mundo nada más que disfrazadas con un manto de santidad.

Hegel y Nietzsche no estaban equivocados cuando decían: “Dios ha muerto”. Su frase era como la frase de unos niños que están descubriendo una realidad profesada por un grupo de gente que a la final eran tan ateos como ellos. Ellos no podían ver a Dios en el seno del lugar donde se supone que viviera: su iglesia. ¿O a caso pensamos que la iglesia de la edad media tenía a Dios en su seno?

No se puede definir a Dios en una discusión o una doctrina para apoderarnos de él como si fuera propiedad de una institución humana. A ello se recurre cuando no lo encontramos en nuestra experiencia. En el único lugar donde Dios puede hacerse evidente es en la experiencia de su iglesia viviente. En la vida de sus miembros y punto. Si él no está allí entonces el ateísmo será la filosofía más “razonable” mientras no haya un cambio de circunstancias.

Sé que alguien debe estar pensando que lo que estoy escribiendo es peligroso. Pero yo no lo digo, lo dijo Jesús: “Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti. Que también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn 17:21). En otras palabras “el mundo” creerá que Jesús es Dios cuando estemos unidos. En otras palabras: cuando nos amemos. Por consecuencia si eso no sucede el mundo creerá que Jesús es simplemente un personaje histórico pero no el enviado de Dios.

Es allí, entonces, que nos hacemos responsables del ateísmo. Nos condenamos a nosotros mismos hablando de la insensatez de ellos, cuando nosotros mismos vivimos en los parámetros que señala la ausencia de Dios en nuestro medio, a saber: competencia, celos, persecución, orgullo, soberbia, condena, ostentación de posiciones y títulos, estrategias de marketing, personas usadas como medios, control, coersión, miedo a los hombres, lucha por posiciones que implican jerarquías, fanatismo legalista, libertinaje presuntuoso, etc., etc., etc. ¡Basta ya de estas miserias que se esconden detrás de una aseveración doctrinal que pretende definir la verdad en teología fría y no en vida!



Si es que realmente creemos en Dios, debemos estar dispuestos a vivir en los parámetros que Dios propone y la iglesia debe transformarse en la empresa más diferente, pura e íntegra que existe. Cuando eso suceda el mundo dirá: “¡Dios vive!” No necesitaremos recurrir a argumentos científicos para demostrar la realidad de Dios así como no necesitamos demostrarles a nuestros amigos que existimos mostrándole un análisis de nuestra sangre. Tampoco necesitaremos imponer legalmente las formas religiosas para disimular la falta del Espíritu.

Si Dios vive en su iglesia, Dios vivirá para el mundo.

Pero ¿dónde está la iglesia? Gracias a Dios, Jesús dijo que donde haya dos que se pongan de acuerdo y se reúnan en su nombre, allí está su iglesia. Gracias a Dios, no necesitamos que la iglesia sea una institución mundial para que sea la probeta que pruebe la realidad de Dios. No necesitamos ser "más" que otros. Simplemente necesitamos "ser".

Jesús dijo que la iglesia nace como un pequeño grano de mostaza, pero con todo el potencial viviente en su interior para llenar la tierra. Mientras haya solamente dos o tres que se pongan de acuerdo en Jesús, el infierno temblará y se estremecerá. Esa será la iglesia viviente y tendrá el potencial en sí misma de arrasar al mundo entero.

¿Qué te parece si hoy nos ponemos de acuerdo? ¿Qué te parece si nos entregamos sin reservas a Cristo? ¿Qué te parece si dejamos que el Espíritu nos tome? ¿Qué te parece si dejamos de jugar a la iglesia y nos disponemos a vivir en los parámetros que el Espíritu enmarca: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio? Eso se verá en nuestra iglesia, no por una campaña de marketing, ni por una imposición legal sobre sus miembros, sino por la experiencia espiritual de aquellos que se humillan delante de la cruz. “No es con ejército ni con fuerza, sino con mi Espíritu”. (Zacarías 4:6)

Cuando eso suceda el mundo dirá “¡Cristo vive!…” o deseará crucificar al Cristo que vive en nosotros. Pero recuerda, que esa experiencia será la antesala de nuestro reencuentro con él.

Pr. Joel Barrios

jueves, 30 de junio de 2016

Adventismo Modernista, Posmodernista y Orgánico

La cosmovisión mecanicista obsesionada por el funcionamiento de las cosas ha centrado la discusión religiosa, social y filosófica en el “cómo” de las cosas considerando irrelevante el “por qué”, marcando de esa manera toda una época donde el pragmatismo y la producción hicieron que la sociedad relegara a un último plano la discusión del “por qué” (propósito). El método científico se transformó en la principal herramienta para determinar la verdad que una vez demostrada se transformaba en una verdad absoluta que pretendía relegar todas las verdades no demostrables al área de la superstición.

Todos los sectores sociales, incluso el religioso, para poder sentirse parte de la discusión y sentirse como protagonistas en la discusión, se esforzaron por tratar de demostrar su verdad para adquirir el derecho de imponerla. El resultado de esta visión hizo que las personas fueran consideradas simplemente como un medio dentro de los grupos a los cuales adherían y las relaciones humanas poco a poco fueron evaluadas de acuerdo a la utilidad funcional resultante de ellas. El vacío provocado por la implementación de esta cosmovisión hizo que creciera en los seres humanos el anhelo de algo diferente. Es así que después de la gran crisis de las dos guerras mundiales comienza a surgir una nueva propuesta que llegó a ser una reacción al modernismo: el posmodernismo.

El posmodernismo al ser una cosmovisión reaccionaria sostiene las siguientes premisas: a) no hay verdad absoluta, b) no existe metanarrativa que sirva para toda la humanidad, c) las heridas generadas por los grupos poderosos que en el modernismo trataron de imponer la verdad deben ser revertidas dando poder a los oprimidos y trabajando por la justicia social, d) el posmodernismo al sostener que no hay verdad, tampoco puede definir un propósito que una y dé cohesión a toda la humanidad o por lo menos al cristianismo.
Como resultado de aceptar conscientemente o inconscientemente las premisas de estas cosmovisiones surgieron también dos tipos de adventismo: el adventismo modernista y el posmodernista.

1. El adventismo modernista: sostiene que “tiene la verdad” y que esa verdad debe ser impuesta a todos los demás. En esta visión la iglesia es definida por su organización y por su doctrina “correcta”. Para llegar a ser adventista alguien tiene que formar parte de la organización aceptando un credo que fue el resultado de un proceso racional donde verdades abstractas se comparan con otras produciendo una serie de dogmas que no necesariamente están unidos por un hilo que le den cohesión. En esta clase de adventismo las relaciones no son importantes. Tú puedes ser un dictador, atropellar y usar a las personas, ser un chismoso o condenador, pero si defiendes a la organización, crees y defiendes sus doctrinas y “funcionas” de acuerdo a los parámetros de producción y creencia establecidos jerárquicamente, eres considerado un fiel adventista.

2. El adventismo posmodernista: es una reacción al adventismo modernista. Esta visión sostiene que la estructura y la organización no son necesarias. Que el adventismo simplemente puede ser una corriente más del cristianismo que define la verdad doctrinalmente un poco mejor que las demás (siempre desde el punto de vista personal). Lo importante no es evangelizar sino ayudar a la sociedad por medio de acciones desinteresadas que hacen de este mundo un lugar mejor para vivir. En esta cosmovisión no tiene relevancia si eres adventista o no lo eres. Esta visión no cree en jerarquías (que es un buen punto) pero tiende a desconfiar de todo aquello que requiera compromiso que afecte a la natural manera de sentir. Aunque proclama la tolerancia en su discurso, es totalmente intolerante con aquellos que no entran dentro del esquema que se estableció como resultado de la “amplitud de sus ideas”. El adventismo posmodernista tampoco define el por qué, y eso hace que muchos adventistas posmodernistas se pregunten: ¿es realmente necesario ser adventista?

3. El adventismo orgánico bíblico: Hay una verdad, pero no la podemos “tener” sino que se trata de comenzar un peregrinaje “en” ella. La verdad será absoluta recién en el reino de los cielos. Eso hace necesario el diálogo abierto y sincero reconociendo las limitaciones propias de nuestra humanidad. La verdad no es definida por doctrinas racionales abstractas sino por una persona: Jesucristo. Es por eso que el adventismo orgánico no define a la organización como la iglesia, sino que la organización es el medio que la iglesia desarrolló para ser más eficiente en la misión. Si la organización no favorece a la misión debe ser transformada, nunca eliminada. La organización es orgánica porque se mueve por el Espíritu, no es mecánica.

El adventismo orgánico es un movimiento que busca permear la mente de todos los seres humanos con los principios del evangelio. Eso no se lo hace por imposición sino por contagio. En esta visión, la justicia social comienza por la justicia denominacional, (eso no quiere decir que el trabajo social sea considerado inapropiado. Sin embargo la iglesia apostólica no buscó transformar las estructuras sociales de la época, sino que intentó mostrar en su seno la opción ideal para la sociedad, esa era una de las principales herramientas de contagio y de alguna manera tuvo una repercusión impresionante en las estructuras sociales. La cuestión no era organizar una institución filantrópica sino en hacer que cada miembro se transforme en un servidor de la sociedad).

Aquí llegamos al punto que dentro de un contexto posmodernista debemos aclarar: El adventismo orgánico se define a sí mismo por su propósito: Preparar camino para la segunda venida de Cristo. No hay otra razón de ser del adventismo orgánico. Cuando olvidamos este propósito entonces caemos inevitablemente en dos precipicios: a) el proselitismo religioso o b) comenzamos a dudar de la necesidad de formar parte de este movimiento.




En otras palabras el adventismo es el cristianismo escatológico. Así como Abraham fue llamado como patriarca de un pueblo que preparase camino para la primera venida de Cristo, nosotros hemos sido llamados para preparar camino para su segunda venida. Así como los descendientes de Abraham no eran los únicos que formaban parte del pueblo de Dios, nosotros no somos los únicos que formamos parte del pueblo de Dios. Pero también, así como Abraham fue llamado con un propósito especial en relación con el mundo, así también nosotros hemos sido llamados con un propósito especial con relación con el cristianismo y el mundo. El propósito nos marca nuestra misión y no la podemos eludir sin correr un gran riesgo. Nuestra misión es recordarle al cristianismo que si no tiene una proyección escatológica en lo que hace, corre el riesgo de llegar a ser simplemente un producto más de la cosmovisión reinante.

Pr. Joel Barrios

sábado, 25 de junio de 2016

Un Nuevo Ecumenismo: Adventismo Orgánico

Si realmente creemos que Cristo viene, entonces el adventismo no es una organización o una institución, es un movimiento. Ser adventista no significa ser miembro de una iglesia que lleva ese nombre. Ser adventista tiene que ver con una actitud de corazón y no con una experiencia legal o administrativa. Ser adventista implica desear de todo corazón encontrarnos personalmente con Aquel que dio su vida por nosotros y que prometió volver a buscar a todos aquellos que lo aman.

Todos los cristianos celebramos la navidad. Pero hay un grupo de cristianos que no se queda allí, le gusta celebrar por anticipado el reencuentro con Aquel que nació en un pesebre. El adventismo no se ancla en el pasado, es allí que se motiva para la preparación del evento más emocionante de la historia: la segunda venida de Cristo. Esa fue la experiencia de los apóstoles y debiera ser la nuestra. Ellos no solo predicaban que Cristo volvería en el contexto del Calvario, sino que vivían para ello y hasta aceptaron el martirio por la certeza que tenían acerca de la realidad del reino venidero.

No nos confundamos, la segunda venida de Cristo no es una “creencia” del cristianismo, es una “certeza”. Ella afecta nuestro presente con la seguridad de que tendremos un encuentro futuro con la Persona con quien hoy mantenemos una relación por la fe. El adventismo que es movimiento, nuclea a todos los miembros de iglesia, cualquiera sea su denominación eclesiástica, que viven para preparar camino para la segunda venida de Cristo. Por eso puede haber adventistas católicos y protestantes, adventistas bautistas y metodistas, adventistas pentecostales y evangélicos, adventistas adventistas del séptimo día y adventistas adventistas de la reforma que su principal deseo no es hacer un reino aquí en la tierra, sino que viven en esta tierra preparando y anticipando el reino eterno.

La experiencia de vivir en la inminencia de la venida de Cristo es lo que hace que la iglesia se mantenga en movimiento. Cuando perdemos esa experiencia entonces echamos un ancla que no nos permite avanzar. Esa ancla se llama Institucionalismo.



¿Qué es el institucionalismo? La iglesia crea instituciones para ser más eficaz en su misión, pero cuando las instituciones llegan a ser un fin en sí mismas, arraigan a la iglesia a esta tierra haciendo que se consideren a las estructuras por sobre las personas, se pone a la iglesia por sobre Cristo, la tradición por sobre la Palabra viva, la transformación social por sobre la transformación personal, los dogmas doctrinales por sobre el diálogo y la investigación sincera, el establecimiento de un reino material presente por sobre la preparación del camino para el reino de Cristo. Es por eso que cualquier movimiento cristiano, no importa cuál sea su nombre o sus creencias, está constantemente amenazado con esta plaga fosilisante que termina haciendo de la iglesia un simple producto más de la cultura posponiendo de esa manera la entrada a Canaán.

Si un novio le propone casamiento a su novia y ella duda, no responde, da vueltas y pone excusas, su actitud evidencia que ella todavía no está segura de comprometerse y que hay otras cosas que considera más importantes que casarse. En realidad el problema no es con el casamiento, sino el problema está relacionado con lo que siente por su novio. Cuando no vivimos para encontrarnos con Cristo en su segunda venida, no tenemos un problema con el acontecimiento, tenemos un problema con el Novio.

La Biblia nos dice que las bodas del Cordero ya están preparadas. Eso quiere decir que si somos la novia no podemos vivir para el noviazgo, debemos vivir para la boda. Debemos preparar el vestido, mandar las invitaciones y anticipar el tiempo de tal manera que llegado el momento de la boda estemos listos junto a la gente que amamos. Esa gente debiera ser el mundo.

¿Cuál es mi propuesta? Comenzar un nuevo ecumenismo. Hacer un llamado a las personas sinceras de todas las iglesias cristianas que estén dispuestas a vivir para preparar camino para la segunda venida de Cristo. Si nos unimos, entonces se formará un movimiento orgánico que nadie podrá parar. ¿Debemos dejar nuestras iglesias para formar parte de este movimiento? ¡No! Si ese sería el énfasis entonces dejaríamos de ser movimiento. Tú y yo debemos tratar de contagiar a nuestros amigos allí donde estamos. La verdadera iglesia de Cristo es levadura.

¿Sobre qué bases se levantará este movimiento? Lo que voy a escribir ahora es muy importante. Las bases sobre las cuales nos uniríamos en este movimiento son tres: una misional, otra filosófica y la otra práctica.

1. LA MISIONAL: vivir para preparar camino para la segunda venida de Cristo siguiendo el plan que presentó Jesús: primero Jerusalén, después Judea, luego Samaria y si seguimos esa dinámica llegaremos hasta lo último de la tierra.

2. LA FILOSÓFICA: será la base que nos librará del institucionalismo. Esta sería la premisa: “Si la Palabra de Dios se contradice con la institución eclesiástica, estar dispuesto a seguir a la Palabra de Dios.” La Biblia por sobre la Institución. ¿Por qué? Porque eso fue lo que enseñó e hizo Jesucristo. Si somos sinceros y buscamos descubrir el mensaje de Jesús en oración a través de la Biblia se cumplirá en nosotros la promesa: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16:13)



3. LA PRÁCTICA: será vivir para glorificar a Jesús en todo lo que hagamos levantando el mensaje del evangelio que nos hará conscientes de que no tenemos nada para dar. Si algo bueno saliera de nosotros, que seguramente sucederá, no vendrá de nosotros, vendrá de él. No hay lugar para el orgullo. No haremos cosas por él, sino que él hará su obra a través de nosotros. No lo serviremos, sino que estaremos dispuestos a que él se sirva de nosotros. No le pediremos que apruebe nuestra agenda sino que estaremos dispuestos a entrar en la suya.

PARA RECORDAR: un movimiento contagia, nunca impone. Si somos cristianos seguidores de Jesús nuestra proclamación deberá estar enmarcada en el respeto y el amor, esa es la verdadera señal del cristianismo. ¿Estás dispuesto?

Pr. Joel Barrios

miércoles, 30 de diciembre de 2015

¿Ideas o Actitudes?

¿Qué son más importantes, las ideas o las actitudes? ¿Tú quieres pertenecer a un grupo que tenga las mismas ideas, o las mismas actitudes? Personalmente prefiero pertenecer a un grupo que tenga la misma actitud aunque tenga diferentes ideas. Si en un determinado grupo tenemos las misma actitud, aquella que es el fruto del Espíritu, tarde o temprano y mediante un diálogo sincero llegaremos a tener las mismas ideas o por lo menos muy parecidas. Sin embargo el hecho de pertenecer a un grupo que tiene las mismas ideas, no necesariamente nos llevará a tener actitudes correctas. 

En este tiempo, la mayoría de los grupos que se forman, se aglutinan alrededor de ideas sin tener en cuenta las actitudes. Eso es lamentable y nos polariza. Solo por dar un ejemplo: están aquellos religiosos que piensan que Dios no quiere que su pueblo use la electricidad porque la Biblia no menciona a ningún discípulo, apóstol ni patriarca usándola. A este grupo lo llamaré el grupo “tradicional”. Y por otro lado están aquellos que no tienen ningún problema con usar la electricidad porque dicen que los tiempos han cambiado y que no hay nada de malo en hacerlo. A este grupo le llamaré el grupo “cultural”.

A raíz de sus ideas, los “tradicionales” acusan a los “culturales” de ser liberales, libertinos y de no basarse en la Biblia. Eso lleva a los “tradicionales” a considerarse mejores y más santos que el otro grupo. Por el otro lado los “culturales” acusan a los “tradicionales” de ser fanáticos, exagerados y sectaristas y ellos también terminan considerándose mejores y más equilibrados que los tradicionales. ¡Fíjate qué interesante! A pesar de que cada grupo se aglutina alrededor de una idea, no se dan cuenta que sus actitudes los llevan a considerase superiores al otro. ¿De qué sirvió defender una idea supuestamente correcta si claramente los dos grupos perdieron la actitud correcta?

La Biblia dice que nos salvamos solamente por medio de la fe, y añade, que cuando hay fe no hay lugar para el orgullo (Ro 3:27). Si en nuestra experiencia aparece el orgullo es el seguro indicador de que nos estamos apartando de Jesús. Si nos estamos apartando de Jesús comienza a correr riesgo nuestra salvación. Y si está a riesgo nuestra salvación por defender una idea, no nos sirve de nada defenderla. ¿Entiendes lo que lees?

Pregunto: ¿Por qué en vez de polarizarnos buscando las ideas correctas, no pedimos primero a Dios que nos de la actitud correcta? Si tu y otra persona tienen ideas diferentes pero tienen la actitud correcta, tarde o temprano estarán unidos también en las ideas ya que el Espíritu obra en todos aquellos que sienten su necesidad.

No olvides que tener la actitud correcta es más importante que tener la creencia correcta. Reflejar a Jesús es más importante que defender un credo. Mostrar el fruto del Espíritu es más importante que ganar una discusión. Vivir para Jesús es más importante que vivir para una iglesia. ¿Estás dispuesto?

Yo quiero pertenecer al movimiento final. Mira como es descrito: “En medio de tí dejaré un pueblo humilde y pobre, el cual confiará en mi nombre” (Sofonías 3:12). La humildad permitirá que Dios nos lleve a las creencias correctas, pero las creencias correctas no nos llevarán necesariamente a la humildad. Que Dios nos haga entender que más importante que tener la idea correcta es tener la actitud correcta.

Pr. Joel Barrios